Puede parecer que, a simple vista, no tengan mucho que ver las diferentes obligaciones fiscales de los ciudadanos de las distintas Comunidades Autónomas de España con la despoblación y la falta de desarrollo; pero si leemos entre líneas detenidamente observaremos que, en el caso de Extremadura, el tramo autonómico del IRPF es de los más gravosos y los impuestos de sucesiones y donaciones están, junto a Andalucía, en lo más alto del ranking nacional.

Una primera consecuencia de esta situación es que son muchos, cada vez más, los extremeños que se empadronan en otras Comunidades (Madrid sobre todo) con lo que aquí reciben servicios; pero no pagan impuestos y además ellos o sus hijos, acabarán marchándose de Extremadura.

Del mismo modo, muchos extremeños que se han pasado la vida trabajando y ahorrando para pagar una vivienda y sacrificándose para facilitarles la vida de alguna forma a sus herederos se encuentran con que éstos no pueden acceder a la propiedad de esa vivienda o ese terreno porque no tienen dinero para pagar los impuestos derivados de la herencia o la donación que, por cierto hay que pagar antes de recibir la herencia. No creo que sea difícil calcular la cantidad (que seguro se acerca al millar) de extremeños que han tenido que renunciar a su herencia en el último año.

Ya no es de recibo la falaz argumentación de los auto denominados progresistas y populistas que dicen que los ricos deben pagar por lo que heredan, sencillamente porque los que pagan no son los ricos (que disponen de medios y asesores cualificados para evitar estas imposiciones) sino los ahorradores, las empresas familiares, los autónomos, agricultores y ganaderos extremeños que ven que el fruto de su trabajo y de su esfuerzo ahorrador en lugar de para sus hijos, hermanos o sobrinos, según los casos, es para la Junta de Extremadura.

Al margen de todo esto, los miles (o millones) de Euros que cada año se lleva la Administración por esta carga fiscal es dinero y son bienes que no están en poder de los ciudadanos, con lo que la posibilidad de gastarlos en productos o servicios se reduce notablemente y con ello las posibilidades de desarrollo.

Y si, por fin, nos referimos a lo justo o injusto de esta situación, sólo tenemos que preguntarnos ¿Los bienes que constituyen una masa hereditaria no han estado sujetos a tributación a lo largo de la vida del causante? ¿Y de nuevo los herederos han de tributar por lo que ya ha tributado?… Si alguien encuentra un ápice de justicia en ello que lo explique alto y claro.

No se trata, no, de impuestos confiscatorios, se trata de auténtica rapiña, que se perpetra al amparo de una legislación que concede “Licencia para robar”.

A estas alturas resulta casi conmovedor que nos prometan (lo de cumplir es harina de otro costal) que van a aplicar bonificaciones de “hasta” el 99% en los tramos I y II de las sucesiones, es decir, de padres a hijos, viceversa y entre cónyuges, lo cual no es más que prometer una parte del caramelo, con el truco añadido de que es “hasta” es como el que utilizan los vendedores de coches cuando ofrecen un determinado modelo de su gama “desde” tantos euros.

Señores responsables de las decisiones en Extremadura, eliminen de una vez por todas los impuestos de sucesiones y donaciones en su totalidad y dejen las demagogias de ricos y pobres y de tomarnos el pelo a los extremeños, dejen de hundirnos cada vez más en la miseria, dejen de consentir que cada día se vayan más de los nuestros a otras tierras de España. En definitiva: “Déjense de cuentos”

 

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