Imagen: EFE/Andreu Dalmau

Bien está si bien parece, así que no nos pongamos nerviosos en la disertación ni en el
diagnóstico. A veces las ciudades se estancan, se encajonan y no fluyen como debieran.
Miras a la gente y parece feliz, la Navidad es lo que tiene, vuelve las caras alegres y los
bolsillos dadivosos. Y piensas que llegará enero y sus rebajas, y febrero con sus
carnavales…la rueda…

No me gustan los actores políticos de ahora, de tan afectados y demagogos. No se por
qué hay que convertirlo todo en una competición de buenos y malos (los buenos siempre
los propios, claro). ¿No ven que así, al vender esa imagen de la política están haciendo
que los ciudadanos rechacen el esquema de tan simplón, y los propios amigos y
simpatizantes aprendan técnicas de cultura antidemocrática?.

Siempre aparece el esquema del cuento, la providencia jugando a favor de unos y en
contra de otros. Que no hay tren: la culpa es de los otros, que hay restricciones de cava,
la culpa es de los otros, que Cataluña tiene una fractura social, la culpa es de los otros,
que se van los jóvenes de un territorio, la culpa es de los otros. Los otros que son muy
malos, que tienen mucha manía acumulada.

¿Pero no ven que no? ¿No se dan cuenta de que eso, a medio y largo plazo solo produce
frustración y deseo de salir corriendo de lugares tan malqueridos por los “fuertes” e
“inhumanos” contrincantes. Supongo que es lo más fácil de hacer, pero eso no les exime
de la cortedad de idioma de la que hacen gala.

Con esta simplicidad ocurre como con la de examinar a los adversarios a la luz de los
propios planteamientos políticos. O a la particular manera de actuar de quien observa. Por
eso, aquel es tonto, el otro es necio, el de más allá un vago… Pero resulta que el tonto,
necio y vago viene ganando abultadamente en las últimas citas electorales. Con lo que
(para que no se caiga la argumentación) hay que llegar a la afirmación categórica de que
los votantes son bobos al estilo de los que dieron el nombre a alguno de nuestros cuadros
clásicos. Y punto y seguido. Ufff.

Demasiado visto, demasiado explotado, demasiado vulgar. Traiga el año nuevo, una
manera más certera de hacer las cosas, en la que el ciudadano lo sea de cierto en sus
derechos. Pero para ello, ese ciudadano deberá serlo, sobre todo, en deberes y no sólo
un receptor de dádivas grandes o pequeñas, como es ahora en demasiadas ocasiones,
alguien a quien “pagar”.

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