Desde el Servicio de Ordenación de Regadíos de la Junta de Extremadura y en los primeros años del siglo XXI ya se llevaron a cabo estudios que demostraban que los riegos previstos eran viables, que existían recursos hidráulicos para llevarlos a cabo acordes con la planificación hidrológica y que las tierras tenían potencial suficiente para ser regadas.

En los planes hidrológicos de la demarcación hidrográfica del Guadiana existe una reserva de recursos hídricos para estos riegos, que tenían una extensión de 17.500 ha, la cual se evaluó en unos 45 Hm3. El agua procede de los embalses de Alange y Villalba. La dotación de riego media asciende a 2.750 m3/ha.año. Posteriormente se ha ajustado la superficie a 15.000 ha.

Estos regadíos se han diseñado como riegos localizados de apoyo a los cultivos típicos de la zona: el viñedo y el olivar y también para otros cultivos leñosos. Y fueron acogidos con expectación por los agricultores que constituyeron una Comunidad de Regantes de acuerdo a la ley.

Técnicamente se trata de unos riegos modernos, con distribución por tubería de presión a las parcelas a partir de balsas de regulación a las que se eleva previamente el agua desde los embalses. Desde estas balsas se mantiene la presión en la red.

La distribución en parcela es por riego localizado de alta eficiencia en el que el agricultor decidirá los diferentes tipos según sus cultivos pero en los que la dotación media es reducida por tratarse de riegos de apoyo a los cultivos típicos de la zona.

La Junta de Extremadura está tratando de que la financiación de estos nuevos regadíos sea tripartita: un tercio del presupuesto aportado por los regantes, otro por la propia Junta de Extremadura y el tercio restante lo aportaría el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente.

Dos tercios de la inversión están en principio asumidos por los agricultores y la Junta. El Ministerio parece que se niega a aportar su parte alegando una inviabilidad técnica del proyecto pero sin explicitar las razones de la misma. Las explicaciones dadas por el secretario general de Agricultura y Alimentación han sido muy poco convincentes que digamos.

Estos riegos tienen dos inconvenientes que explico. El primero es el coste energético que se ha visto sensiblemente incrementado cuando en julio del año 2008 se eliminaron las tarifas especiales de riego R0 y R1, alegando el Gobierno de Rodríguez Zapatero que la competencia entre las compañías eléctricas reduciría los costes energéticos por debajo de los que existían antes de eliminar dichas tarifas.

El resultado ha sido un inmenso engaño para los regantes. El término de potencia ha llegado a incrementarse en algunos casos en más del 1.000 % (han leído bien, mil por ciento). Con el incremento habido en el término de energía los costes energéticos de los riegos presurizados o con elevación previa se han más que duplicado.

No obstante, dados los tipos de cultivo existentes, los estudios de viabilidad siguen dando rentables los riegos de Barros a pesar del sensible aumento del coste energético sobre el que se previó en los estudios iniciales.

El segundo inconveniente es un problema técnico. Es conveniente que haya una continuidad en las superficies a transformar para evitar costes de tubería muerta. Pero este es un problema soluble y que los técnicos supongo que habrán solventado ya.

El Ministerio ahora con todo en marcha – el Consejo de Gobierno extremeño acaba de aprobar el Plan General de Transformación de la zona –  quiere escurrir el bulto y no financiar estos riegos. Con la de riegos ilegales que se han permitido y se permiten, tanto con aguas superficiales como subterráneas mirando para otro lado, como ocurre en la cuenca alta del Guadiana o en Murcia, ahora resulta que los riegos de Extremadura no son técnicamente viables. ¡Qué casualidad¡

Quizás el Ministerio debiera centrar sus esfuerzos en ayudar a los regantes para que se reduzcan los costes energéticos de los riegos; de los de Barros y de todos los de España. Las eléctricas se están forrando sin que el Ministerio mueva un dedo para que disminuyan estos costes actuales y situarlos en los que había cuando estaban vigentes las tarifas especiales de riego R0 y R1. Hay soluciones perfectamente conocidas para conseguirlo y que no voy a explicitar aquí.

Una región como Extremadura necesita los regadíos como base de su industria agroalimentaria uno de los pilares de su economía aunque no sea el único y como  mecanismo de fijación de la población rural en el territorio, así como elemento generador de rentas.

Disponemos de agua regulada, aunque ahora estemos algo apretados por la sequía; en la planificación hidrológica hay recursos hídricos suficientes, los riegos son de alta eficiencia en el uso del agua y los agricultores que son los principales protagonistas están interesados. El Ministerio debería apoyar y financiar esta transformación para favorecer alguna vez a Extremadura. ¡Que ya va siendo hora¡

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